

Castilla Bizantina.. España es Verdadera Roma !!!!
En esta partida me pasó algo que jamás había visto. Castilla dejó de ser Castilla. No se convirtió en España. Tampoco en Bizancio. Terminó siendo Roma renacida en Occidente, pero de la forma más absurda y accidental posible.
Todo empezó normal, con la conquista de Granada y la expulsión árabe. Hasta ahí, Castilla típica. Pero después ocurrió lo inesperado. Logré una unión dinástica con Bizancio, que ya estaba reducido a unas islas griegas. No gané territorio útil, pero sí algo mucho más importante: la legitimidad imperial romana. Y todo gracias a regalarles más de ochenta mil monedas. Desde ese momento dejé de verme como un simple reino ibérico. Me convertí en la antítesis del Sacro Imperio Germánico, una Roma auténtica frente a la Roma artificial creada por el Papa.
Ese fue el nacimiento del Imperio Romano Ibérico.
Después vino el sultanato en el norte de África, lo que hoy sería Marruecos. Ellos me declararon la guerra y fue un error. Estaban peleando en dos frentes y terminé anexando todo el territorio. Fue como si el Magreb volviera a ser romano, pero versión castellana.
La primera guerra contra Aragón fue clave. Aragón seguía siendo la potencia mediterránea. Yo no quería destruirlos, solo sacarlos de Iberia. Con ayuda de Portugal los derroté y dejé que Portugal se quedara con partes de Italia y una provincia francesa. Yo me quedé con lo importante, las islas estratégicas y la península limpia. Iberia tenía que ser el corazón del nuevo imperio. Mientras tanto crucé el Atlántico y fundé mi primer virreinato en América, en la zona de Venezuela. El Mediterráneo ya no servía para nada porque los otomanos lo habían cerrado. La riqueza estaba en el Atlántico, no en Italia. Mi Roma terminó siendo romano atlántica, no mediterránea, algo que encaja perfecto con una expansión imperial ordenada.
La segunda guerra contra Aragón fue más directa porque Portugal ya no estaba conmigo. El objetivo seguía siendo el mismo, expulsarlos de Iberia sin destruirlos. Los dejé vivos en Sicilia y el sur de Italia. No quería que Francia o Austria ocuparan ese vacío. Quería orden, no caos. Muy emperador romano sin querer.
El momento decisivo llegó cuando declaré guerra a los Estados Pontificios. No destruí al Papa ni anexé toda Italia. Solo tomé la ciudad de Roma. Y ahí todo encajó. Tenía el título bizantino, tenía Roma la ciudad y tenía Iberia como base imperial. Por primera vez en mil años un solo estado tenía la Roma espiritual, la Roma política y la Roma territorial. Bizancio nunca tuvo Roma. El Sacro Imperio nunca tuvo legitimidad. El Papado nunca tuvo ejército. Yo tenía los tres. Eso consolidó la autoridad imperial romana en mi partida.
Para 1508 mis estadísticas parecían sacadas de un imperio serio. Más de un millón cuatrocientos mil habitantes, economía creciendo sin parar, felicidad del noventa y ocho por ciento, estabilidad del noventa y uno, inflación cero y segundo lugar mundial en población.
Civilización murió Constantinopla y renace en Madrid.
- Isabella I
- año 1512