Holaaa, me podrían dar sus impresiones de este cuento corto que hice
El espejo rebelde
Erase yo un hombre de mediana edad, tal cual uno se lo puede imaginar, con el peso de lo vivido colgándole del cuello, y el peso del por vivir encima de su espalda. Erase una madrugada cotidiana, dónde todo lo que llega a los ojos pasa por el filtro de la "visión esquizofrénica del madrugador", acompañado del humor de quien se levanta de su cama con el único propósito de revolcarse en un montón de mierda para volverse a dormir después. Dada tal situación, uno desea alistarse a las prisas y con los menores contratiempos posibles; almorzar, lavarse los dientes, bañarse para algunos (no para mi), vestirse y peinarse. Llevando a cabo todo esto, aconteció uno de los contratiempos más singulares que pudiesen acontecer, a mi espejo le dió una clase de mania punk y se hizo todo un rebelde.
Cuando levanté la mano izquierda, el levantó la mano derecha, cuando yo la derecha el la izquierda, cuando moví la pierna izquierda el movió la derecha, cuando yo la derecha el la izquierda; cuando guiñé el ojo izquierdo el guiñó el ojo derecho, cuando yo el derecho él el Izquierdo; cuando volteé a ver atras el volteó hacia adelante, cuando volteé hacia arriba el hacia abajo; cuando salté el se agachó, cuando yo me agaché el saltó; cuando abrí mi boca el la cerró, cuando cerré mi boca el la abrió; cuando me vestí el se desvistió, cuando me desvestí el se vistió; cuando me peiné el se despeinó, cuando me despeiné el se peinó; cuando lloré de la desesperación el se rió de mi miseria, cuando me reí de la ironía el lloro por contreras; cuando hice un backflip el hizo un frontflip, y cuando yo el frontflip él el backflip; cuando canté heavy metal el cantó gospel, cuando yo canté una alabanza el cantó reggaeton; cuando me masturbe el se persigno, cuando me confesé el adulteró; cuando yo maté el dió a luz, cuando yo lo crié el lo pervirtió; y cuando yo cerraba los ojos el los abría, y cuando yo los abría el los cerraba.
Completamente impotente y fastidiado, me resigné a marcharme de ese lugar a regañadientes, para llegar a aquel trabajo que tanto amarga mis mañanas