Vendo automatización a restaurantes y el mayor obstáculo no es el precio ni la tecnología
Me dedico a implementar sistemas que automatizan la gestión de reservas en restaurantes pequeños. Nada de apps nuevas, nada de cambiar cómo trabajan. El cliente reserva por WhatsApp como siempre, y el restaurante recibe todo ordenado, confirmado y sin perder nada.
El sistema técnicamente funciona. El problema es otro.
Cuando entro a hablar con un dueño de restaurante, me encuentro siempre con la misma pared mental:
“Yo ya me las apaño”
Y tiene razón. Se las apaña. Pero se las apaña respondiendo WhatsApps a las 23h después de un servicio de 6 horas. Se las apaña buscando en el papel si “María del viernes” ya tiene mesa o no. Se las apaña descubriendo a las 21:30 que hay una mesa de 6 que canceló por WhatsApp y él no vio.
El problema real no es que el sistema no funcione. Es que el dueño no identifica ese dolor como un problema que tiene solución. Lo ve como parte del trabajo. Como algo normal.
Y ahí es donde me atasco.
He probado hablarle de eficiencia, de automatización, de no perder reservas. No conecta. Lo que más ha funcionado hasta ahora es mostrarle su propio WhatsApp: los mensajes sin leer de las últimas semanas, la reserva que se perdió un sábado a las 23h porque estaba en cocina.
Pero sigo buscando cómo hacer ese cambio de mentalidad de forma más natural, antes de llegar a la demo.
¿Alguien ha vendido servicios o productos a negocios físicos con dueños acostumbrados a trabajar “a su manera”? ¿Cómo habéis conseguido que primero reconozcan el problema?