Mi tío me visitó después de fallecer
Una noche desperté de golpe, pero algo se sentía raro. Tenía los ojos abiertos, podía ver mi cuarto perfectamente… pero no podía moverme. Intenté levantar un brazo, hablar, gritar, y nada. Mi pecho se sentía pesado, como si alguien estuviera sentado encima de mí.
La única luz venía de la calle y apenas iluminaba la esquina del cuarto. Ahí fue cuando lo vi.
Había una sombra parada junto al clóset. Alta, completamente quieta. Al principio pensé que estaba soñando, hasta que empezó a acercarse lentamente. Sentía cómo mi respiración se aceleraba mientras intentaba moverme desesperadamente.
Entonces distinguí su cara.
Era mi tío.
Había fallecido apenas hacía dos semanas.
La sombra seguía avanzando, arrastrando los pies, con la cabeza inclinada de una forma antinatural. Su rostro estaba oscuro, pero podía reconocer perfectamente su voz cuando susurró mi nombre.
Quise cerrar los ojos, pero no podía. Lo único que podía hacer era mirar cómo se acercaba más y más hasta quedar al lado de mi cama.
Sentí algo helado tocarme la pierna.
Y justo antes de poder moverme otra vez, escuché en mi oído:
“Yo nunca me fui.”