
Aquí comparto uno de mis primeros relatos cortos, escrito en segunda persona, quería animarme a escribir algo en ese estilo que parece prohibido por los escritores:
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Estás aterrado. Los nervios se comprimen hasta la más mínima fracción y tus acciones se vuelven erráticas. Cada paso que se da parece una eternidad y, al final, lo único que queda en tu mente es una simple palabra: “morir”.
Los otros que te rodean empiezan a hacer los protocolos de seguridad, la rutina sagrada para salvar una vida, como maniobras defensivas y procesos para volver a subir a la superficie, pero todos en ese lugar saben el destino.
Antes de que todo se cerrara, pudieron ver por una de las ventanas del submarino a la bestia… La verdad es que no fue mucho, solo fue un ojo, sin expresión ni brillo, a pesar de que todos los focos apuntaban a ese monstruo marino.
La maniobra fue poco efectiva. A pesar de huir de la amenaza, a los contados minutos un golpe llevó al submarino a chocar con una de las paredes de la cueva y romper el casco.
Cerrando la visión del mundo por temor a que las ventanas fueran el punto de quiebre para perecer, solo los capitanes de la nave podían confiar en simples sensores sónicos para determinar la salida del lugar.
Aun así, con un navegante experto y el mejor submarino de investigación marina posible, se detuvo.
Poco a poco se acercaban al enemigo que tanto temían. En el fondo, los metales se retorcieron, hasta que no hubo distinción entre…
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