
u/DyingTraveler

Era una planta. No sabía por qué lo sabía, pero lo sabía. Era una Codiaeum variegatum, o como muchos los conocían: un “croton”. Lo que no sabía, era qué hacía allí. O por lo menos no recordaba cómo había llegado allí. Estaba en una especie de departamento, o por el tamaño del ambiente lo suponía. Era, por cierto, un bonito departamento. Muy colorido, como sus hojas. Las paredes eran de un verde marino combinadas, en algunas zonas, con partes blancas. Estas paredes verdes hacían un contraste suave con los marrones y los naranjas de los muebles del departamento. Desde donde estaba podía ver varias cosas. La primera que le llamó la atención fue una cama de una plaza que estaba sin hacer y la cual tenía ropa encima. Un poco desordenada dentro de una habitación bastante ordenada. También había un sofá frente a una televisión. Esta estaba encendida y estaba reproduciendo la canción “Will do” de TV On The Radio. Por alguna razón la conocía de antes, solo que no recordaba en donde la había escuchado ni por qué. Tampoco sabía siquiera cómo podía hacerlo si era una planta, pero la canción le gustaba. Además de lo ya mencionado, había otros elementos: una mesa multipropósito a pocos metros de la televisión, una biblioteca pequeña que también era usada para colocar una lámpara, una alfombra naranja calabaza en medio de todo aquél conjunto, entre otros. Esta condensación de elementos le hizo reforzar su teoría de que estaba en un departamento.
Comenzó a preguntarse qué tipo de persona viviría allí, pero por los colores y los muebles sospechaba que era una mujer. Y no se equivocó. Sin esperarlo, una chica salió de una puerta que había a su lado. Estaba desnuda. Se dirigió hacia la cama, dándole la espalda. Sintió vergüenza. No sabía quién era, pero sentía que no tenía derecho a verla. El problema era que no podía parar: no tenía ojos para cerrar, no sabía cómo detenerse. En vez de intentar hacerlo sin éxito, decidió desviar su atención hacia otra cosa: se enfocó en la televisión, que ahora reproducía otra canción que no conocía. Inevitablemente, su atención se enfocó nuevamente en ella, cuyo nombre no conocía, por apenas un par de segundos. Pudo ver sus pechos pequeños y su trasero marcado. No lo pensó, pero en el fondo de su ser lo sentía: su cuerpo le encantaba. Sintió una nueva oleada de vergüenza, esta vez mucho más intensa, así que volvió dejó de mirarla y esta vez no apartó su percepción de la televisión, aunque podía discernir cómo su figura se movía en la periferia. Se quedó así unos segundos, concentrado en no verla, y entonces la televisión se apagó. Cuando esto ocurrió, no pudo evitar volver a mirarla. Ahora ya estaba vestida: tenía un vestido color pastel. La joven, de entre 22 y 24 años, era hermosa. Tenía el pelo castaño, el rostro parecía casi una obra de arte. Todo era bonito, proporcionado. Aquella criatura, de la cual desconocía su nombre, se acercó y pasó por su lado para irse de nuevo de la habitación. Segundos después, volvió con una botella cargada de agua y, esta vez, se detuvo en él.
—Vamos a regarte, preciosa.