A veces, cuando llego a casa, me siento muy triste; le doy demasiadas vueltas a las cosas. Estoy harta de ser ingenua; debería ser como todo el mundo... fuerte y sin preocuparme por nada. Estoy harta de que los chicos me traten como a un juguete, para acabar rechazándome al final, y también de sentir que nada de lo que hago es suficiente (ni siquiera intentar mejorar mi bienestar emocional).
No quiero saber nada de chicos, ni de citas, ni de nada.