
Anaconda
Hollywood no oculta ya su desgaste: está reciclando su propia basura… y la presenta recalentada. Anaconda regresa, no porque alguien lo necesitara, sino porque en alguna oficina con gente bien vestida decidieron que era más sencillo exprimir un cadáver que arriesgarse a crear algo nuevo. La película original ya era un chiste involuntario. Esta nueva versión intenta ser consciente… y aun así fracasa. Es como ver a alguien tropezar a propósito y aun así no causar gracia. Un grupo de actores perdidos, un CGI exagerado y un guion que no sabe si es reboot, parodia o secuela, mientras se hunde por sí solo. Ni ellos saben qué están haciendo, pero eso sí: lo hacen con presupuesto. Prometía satirizar Hollywood. Termina siendo justamente lo que pretende criticar: un producto sin alma, reciclado, insípido. No asusta. No divierte. No impacta. Solo se arrastra. Y lo peor: sabes que no será la última vez que la serpiente salga del pantano. Porque en este negocio, las malas ideas no mueren. Solo cambian de logo.
Lo único rescatable: Daniela Melchior