
Biblioteca de criaturas mágicas y leyendas de la península ibérica. N°4: El Bú (Castilla la mancha)
N° 4: El Bú (Castilla-La Mancha)
“Duérmete, mi niño,
que ya viene el Bú,
que se lleva a los niños,
así como tú.”
Con esta coplilla, con visos de flagrante amenaza, hacían dormir las madres manchegas a sus más revoltosos retoños y, por lo visto, era más eficaz que una nana… ¿Por qué será?
El Bú es uno de esos mitos que se pierden en la noche de los tiempos. El folclorista Carlos Villar Esparza tiene la teoría de que el origen del Bú se encuentra en una antiquísima deidad celtíbera, argumentando que muchas leyendas sitúan las guaridas de estas criaturas cerca de encinares, árbol sagrado para los antiguos celtíberos.
Su aspecto, aunque siempre grotesco, ha evolucionado a lo largo del tiempo, pasando de algo similar a un buhonero feo y desgarbado a algo más parecido a una enorme lechuza oscura de ojos encarnados. En esta ocasión, he querido representarlo en una especie de estado intermedio entre humano y animal, pues creo que esa ambigüedad entre hombre y bestia refleja mejor cómo debieron imaginarlo aquellos que aún temían su presencia.
Y es que, a veces, el mito del Bú es difícil de separar de las antiguas creencias sobre búhos y lechuzas, pues estas aves, al igual que el Bú, estaban asociadas a la muerte, y a ambos se les atribuía indistintamente la capacidad de hablar con los muertos y la extraña costumbre de beber el aceite de los candiles de las iglesias.
No deja de ser curiosa también la relación entre el ave, el mito y su nombre, pues, a pesar de que muchos asustaniños de la península tienen nombres relacionados con la exclamación onomatopéyica del susto —Bú, Bubota, Bútoni, Bute—, el Bú parece hacer también alusión al ulular de los búhos: “Bú huuuuu”. ¿Puede que nuestros antepasados relacionaran este sonido con la noche y, por ende, con el miedo a la oscuridad y a lo desconocido?
Personalmente, he hablado con algunos amigos manchegos (todos ellos de la provincia de Ciudad Real) y ninguno ha reconocido la figura del Bú. Puede que en sus pueblos fueran más comunes otros asustaniños, como el Camuñas o el Zampón, y que estos hayan tomado el lugar del Bú, o puede que nuestra generación (años 90) se encuentre ya muy alejada de aquellas formas de crianza que, todo sea dicho, eran un tanto crueles. De todos modos, aunque el Bú esté presto a desaparecer de la tradición oral en estos días, su nombre se encuentra firmemente ligado al territorio manchego, pues en sus campos y arboledas se pueden encontrar varios topónimos que referencian a esta criatura, como, por ejemplo: “Cerro del Bú”, “Peñas del Bú” e incluso hay un “Cortijo del Bú”. ¿Creerían los antiguos que estos lugares eran su guarida?
Para ir acabando, me gustaría mencionar que, desde que empecé a estudiar a este extraño ser, no he podido evitar notar lo mucho que se parecen algunas ilustraciones y descripciones al “Mothman” estadounidense, figura también fuertemente relacionada con la noche y la muerte, aunque su origen parece ser muchísimo más moderno, quien sabe si están relacionados...
Muchísimas gracias, lector, si has llegado hasta aquí. Sé que, en esta ocasión, el post es más divulgativo y menos narrativo, pero pensé que una figura tan misteriosa como el Bú bien lo merecía. Además, no he encontrado ningún cuento popular, solo referencias en novelas.
Espero veros en los comentarios; toda aportación será recibida con suma alegría. Dicho esto, solo queda despedirme y decirles a aquellos de vosotros con niños, que probeis a cantarles esta nana... ¿Quién sabe? Puede que los viejos métodos sigan funcionando…
“Landú, landú,
serenadito landú.
Cierra tus ojos, niñito,
o vendrá el bú.”
Versión de esta antigua nana castellana, por Mester de Juglaría: https://youtu.be/OPHpHVVTXgo?is=ZFN4USPzGceYsvPX