Regresé al parque que me traumó de niño para grabar mi videoclip. El VHS capturó cosas que preferiría haber olvidado...
Hay miedos que no mueren, solo se quedan en pausa. Crecí con el terror irracional a los animatrónicos de un parque abandonado y, a mis 20 años, decidí que la única forma de soltarlo era volver ahí con una cámara vieja y grabar mi nuevo video.
El resultado es un viaje extraño. Es esa sensación de estar atrapado en un loop entre la apatía de mi presente y el horror analógico de mi infancia. Hay tomas en visión nocturna donde el 'uncanny valley' te golpea de frente; no es solo un robot, es esa presencia que jurabas que te seguía cuando tenías siete años.
El video salta constantemente entre esa oscuridad asfixiante y visiones en una montaña, donde todo es demasiado brillante y busco a alguien que parece estar siempre un paso por delante de mí. Al final, no sé si grabé un videoclip o si terminé atrapado en una memoria que mi subconsciente había bloqueado para protegerme.