Siempre me gustaron los Culebrones.
A veces la vida es magnánima, aunque siga siendo indescifrable.
Hoy amanecí con un vaso de Jack Daniels a medio terminar y crónica roja de la dinastía Aqueménida en mi *feed* de inicio.
Imaginé una estela de príncipes persas apostando en Montecarlo mientras pedían Martinis *agitados pero no batidos*, con camellos blancos en vez de Lamborginis.
Glamour. Elegancia. Pasión y traición. Y el derrumbe de mi creencia de que la seda es inmune a la sangre, aunque sea azul.
¿Qué más les puedo decir?
Siempre me gustaron los Culebrones.