"En mi escuela protegen a los agresores porque tienen influencias, y hoy decidí no callarme más".
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¿Alguna vez han sentido que no importa cuántas pruebas presenten, la justicia simplemente no es para ustedes?
Hoy vengo a mostrarles cómo el sistema escolar protege a los agresores cuando tienen las influencias correctas.
Yo soy una alumna secundaria en un pequeño pueblo de Michoacan y este es el caso de bullying que mi escuela se niega a resolver por proteger a 'alguien importante'.
No soy la única. Somos varios los alumnos que hemos presentado queja tras queja sobre la misma persona, pero parece que hay una regla invisible que dice: “si el agresor tiene influencias, la víctima es la que sobra”.
He presentado más de 3 reportes oficiales, y la respuesta siempre es el silencio o excusas vacías, la máxima sanción aplicada ha sido una semana de suspensión. Pero lo más grave no es que no hagan nada, es que están tomando represalias contra mí por no quedarme callada.
Después de mi última queja, de forma 'misteriosa', un profesor me bajó la calificación con una excusa técnica, de esas que están tan bien armadas que parecen legales, pero que todos sabemos que es un castigo por hablar.
Esta persona no es solo una 'bully' común; tiene un historial de destruir vidas ante los ojos cerrados de la dirección.
En primer grado, su acoso y su capacidad para aislar a los demás obligaron a una alumna sobresaliente a abandonar la institución. Ese mismo ciclo, otra compañera prefirió dejar de estudiar definitivamente antes que seguir soportando el ambiente que esta persona crea.
Tiene una habilidad aterradora para manipular a otros y hacer que cometan actos atroces por ella, asegurándose de que sus manos siempre queden limpias. Es una manipuladora experta que sabe usar el sistema a su favor mientras las autoridades escolares miran hacia otro lado, permitiendo que el talento se vaya y la toxicidad se quede.
Llevo 3 años viendo cómo una sola persona tiene el poder de destruir a quien quiera en mi escuela. No solo me pasa a mí; somos alumnos de varios grados sufriendo el acoso de ella y sus secuaces bajo la mirada cómplice de la dirección.
Por culpa de su hostigamiento, estuve a punto de cometer el mayor error de mi vida y que pudo terminar mi historia para siempre. Por suerte, no lo logré, pero hoy esa desesperación se convirtió en rabia. Una rabia que nace de ver cómo ella sigue impune después de 3 cartas con amenaza de expulsión que terminaron en la basura porque su apellido pesa más que el reglamento.
A mí me cuesta estudiar; no soy de esas alumnas que sacan 10 sin esfuerzo. Mis promedios de 7 y 8 son fruto de un trabajo real de años. Y ahora, por no callarme, un profesor —aliado de su familia probablemente— ideó el plan perfecto para bajarme las notas con excusa “justificable" para ponerme en riesgo de repetir el año.
Es increíble: ella se burla de los maestros a sus espaldas, pero les llora como mártir de frente para manipularlos. Mientras tanto, quienes de verdad nos esforzamos, estamos siendo borrados del sistema.
Mientras tanto, quienes de verdad nos esforzamos estamos siendo borrados del sistema porque, para esta institución, su palabra es ley. Las represalias siempre atacan a los que se atreven a alzar la voz, y mi boleta de calificaciones es la prueba de ello.
Hoy expongo mi caso de forma anónima para evitar más sanciones y porque mi seguridad física y académica está en riesgo. Pero el hecho de que no use mi nombre no hace que esta verdad sea menos real.
#Justicia #nobullyng