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Existencialismo, biología, sociedad, estado y religión. —Pensamientos varios.

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Existencia y propósito

La existencia, tal y como la entiende el ser humano, carece de sentido, pues ese propósito lo concebimos desde lo humano.

Ahora bien, la existencia sí tiene un propósito: la reproducción y la muerte. Esto es un hecho innegable de la existencia biológica de todo ser vivo en la Tierra; su “éxito” puede definirse como haberse reproducido antes de morir. Sin embargo, este sentido nos resulta incompleto, incluso inhumano, pues no satisface nuestra necesidad de propósito, de empatía y de autorrealización.

Propósito espiritual

Nos constreñimos a una guía espiritual absoluta, dejándonos engañar —o autoengañándonos— por el placer de huir de la libertad. La idea de que un ser superior nos guíe y nos dé un propósito claro e inescapable resulta atractiva, pero esa misma guía termina por volverse demasiado pesada: oprime nuestra personalidad y nos fuerza a actuar fuera de nuestro propio ser, restringiendo nuestra agencia y volviendo la vida monótona y, en última instancia, absurda. Así, se nos niega nuevamente la posibilidad de autorrealización.

Propósito, capital y Estado

El capital y el Estado han abrazado, en cierta forma, el existencialismo, pues este les ha permitido construir una sociedad donde el propósito parece ser propio y autoimpuesto, y la producción una herramienta para alcanzarlo, cuando en realidad los roles están invertidos. La productividad máxima del individuo se vuelve el objetivo del capital, mientras que los objetivos personales pasan a ser meras herramientas para mantener al proletario persiguiendo un logro inalcanzable.

Esto colapsa cuando el objetivo deja de ser material y se vuelve abstracto. Cuando alguien tiene como meta “ser feliz”, termina por fracasar, pues ni la producción ni los bienes materiales tienen la capacidad de otorgar felicidad, negando así la autorrealización del individuo. Lo único que pueden hacer el Estado y el capital es ofrecer bienes de consumo que proporcionen placer inmediato, con la esperanza de calmar esa necesidad.

Me veo entonces tentado a buscar un sentido social, moral y ético que tenga como objetivo el bienestar general. Sin embargo, esto termina por invalidar la individualidad del ser humano y, por tanto, coarta su agencia. Esta idea inevitablemente colapsa en la forma del Estado, pues no es capaz de generar felicidad individual a partir del bienestar social; más bien, parece que la relación debe ser inversa.

Retomando —quizá no del todo correctamente— ideas de la escuela económica de Friburgo (a pesar de considerarme anarquista), el bienestar social nace de la felicidad individual, y esta solo puede alcanzarse a través de la libertad humana. Pero incluso aquí me detengo, al reconocer que esta dignidad difícilmente puede existir de manera efectiva ni en el libre mercado ni en el Estado.

En última instancia, debe ser cada individuo, en su particularidad, quien decida abrazar su dignidad humana y buscar la felicidad a través del apoyo mutuo y la organización no centralizada.

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u/NewControl8913 — 22 hours ago