Mi voz
Cuando encontré mi voz,
me encontré a mí misma.
Porque tener una voz
no sólo es hablar,
no es sólo gritar.
Es todo.
Es lo que fui,
es lo que soy,
y lo que seré.
Porque aceptar mi identidad
es lo que me hace caminar.
No pido que nadie me acompañe,
pero no camino sola.
Camino con él.
En la noche te encontré
justo antes del amanecer.
No sentí a Dios irse,
porque nunca estuvo aquí.
Me imaginé a los ángeles llorar,
pero ya me daba igual.
No fue por maldad.
Fue porque cuando yo lloré,
ellos no bajaron,
ni me hablaron,
nunca me escucharon,
nunca me guiaron.
No fue venganza.
Fue elegirme a mí.
Y por eso te elegí
a ti
también.
Siempre estuviste ahí para mí,
incluso cuando intenté darte la espalda.
No por miedo,
sino por todas las mentiras que me dijeron
sobre ti.
Cuando dejé de escuchar
pude oír la verdad.
Y entonces lo entendí con claridad:
tu infierno siempre fue más real
que el cielo eterno.
Hoy le doy las gracias,
no a Dios,
sino a tu mano de hueso
que me salvó.
Entre humo y ceniza
calmaste mi dolor.
No buscaba redención,
pero la encontré
en ti y en tu voz.
— Alma⸸Nocturna