Soy de la camada 2001, de los que crecieron medio con y medio sin tecnología, y hoy veo cómo todo se aceleró a un nivel absurdo comparado con hace unos años.
A veces me pregunto qué sentido tiene todo, y lo único que me calma un poco es ver que la presión social y económica de hoy es bastante extrema.
Hoy sentís que el tiempo no alcanza: todo gira en trabajar, pagar cuentas y, con suerte, encontrar un rato para disfrutar con amigos, familia o uno mismo.
Las redes sociales nos ensuciaron bastante la cabeza. Mucha gente vive comparándose con vidas ajenas que muchas veces no son reales, y eso baja la motivación y te afecta la cabeza. Y encima la IA y la tecnología hacen que mucha gente ni ejercite el pensar: responder, buscar info, resolver cosas… es como si el cerebro quedara en automático.
La economía también está pesada a nivel global. Todos están con la soga al cuello, llegando justo a fin de mes, preocupados por sobrevivir más que por vivir. Uno se rompe el lomo para después poder darse pequeños gustos, pero cada vez cuesta más llegar al mismo resultado: se trabaja más y se gana lo mismo o menos.
Y ni hablar del clima de la gente: hay mucho enojo, frustración, mal humor. Vas a cualquier lado y muchas veces te atienden mal, como descargándose.
El otro día entró un cliente a mi local y, después de atenderlo bien, me dijo: “gracias, sos la primera persona que me trata bien hoy”.
Y la verdad me quedé re sofocada con eso.