Recientemente recobre las ganas de como escribir la verdad he andado más como cosas de la nostalgia y temitas generales espero que les agrade y me puedan criticar para mejorar que tengan una excelente día tarde o noche
Aquí lo dejó *
-Quejumbre-
f. Queja frecuente e impertinente, hecha más por hábito o vicio que por padecimiento real.
f. Expresión constante de dolor, pena o descontento, generalmente con un tono de voz lastimero.
f. p. us. Sonido prolongado que evoca un lamento o gemido.
---
—¡Ah, qué calorazo!— Dice el chico en el calor abrasador de la ciudad, en el transporte público, en un común del día.
—¡Y que lo diga!— Responde la señora anónima número cuatro, cercana al chico.
—Si usted viera que el calor de mi tierra es más feo, más seco de ese, de náuseas, que sentiese pegostioso, de ese que que sesentiese ¡guácala!—
El chico asiente con la cabeza.
Acuésele de que el calor está feo, pero nadie hace nada; ni los meros ángeles de San Pedro hacen nada.
---
Dicen que donde no hay cuerpos no hay ángeles que consuelen el alma. O eso escuché de una viejita en un panteón.
Dicen que las viudas lloran dormidas porque no encuentran a sus viejos. O algo así dijo el señor de la tienda el otro día.
Dicen que las madres sin sus hijos no viven y buscan en la tierra baldía. Dijo la niña perdida en un tianguis.
¿A dónde irán esos que se van un día y ya jamás vuelven? Se preguntó el chico que veía los anuncios del metro.
¿Desde hace cuánto hay tantos? ¿Cuándo y cuántos? ¿Cómo se desvanece una persona en el aire? ¿Cómo camina alguien a casa y jamás llega? ¿De verdad nos diluimos en el aire? ¿O como que simplemente el tiempo se nos va y la vida se nos evapora de las venas y nomás jamás nos vuelven a ver? Como dijiesen los viejos: “Ahí nomás, se caminó todo y jamás lo volvimos a mirar”.
Dicen que los que jamás vuelven se escuchan en el aire, en la cocina, en la ropa, en las uñas, en la vida. Dicen que las almas de quienes quieren jamás descansan sin tener dónde llorar, dónde encontrar, dónde tocar.
Pero por ahí merito dicen que el consuelo no encuentra a los que quedan porque, al parecer, se lo comen las bestias esas que se meten en la mente, que no te dejan dormir, de esas de pesadillas, de esas que te quitan el hambre, de esas que te roban las fuerzas... No sé si se entiende, como que la vida se queda pasmada en un estado que no cambia ni se mueve; el tiempo no pasa, como cuando se seca el río y no vuelve a llenarse por más que Tláloc llore a mares.
No hay comida que llene la panza, como que la muela no se tapa ni se siente, no hay guiso que sepa rico ni bebida que aliviane la papila; solo engrudo y martirio, como de esos que se arrastran de rodillas a las mandas, o que se juran en los santos pa' no seguirse portando mal, como esas brujerías de pueblo donde te pasan cosas por el cuerpo y te soplan pa' ahuyentar el mal agüero.
¿Cuándo fue que empezó que las señitos deben de buscar a sus faltantes? ¿Picar tierra, buscar en morgues y que nadie haga nada por ellas? ¿Por qué las madres y padres lloran en vela sin saber si late el corazón de esos que quieren, sin saberse si su pancita está llena, sin pensarse que tengan frío en la nochecita, sin saberse si respiran en el día o sin saberse de que su corazón esté en su pecho todavía?
“¡Qué quejumbrosa la doña! Seguro su esa se fue con un fulano pa' otros lados, se ve luego luego que era mal semillero”.
¿Cuándo fue que los viejos y viejas esos tienen que decirnos quién quiera o quién fuere o quién viniese? ¿Es que no tenemos derecho a saber dónde están nuestros ausentes? ¿No somos iguales? ¿No tenemos chance de siquiera ser vistos con empatía de esa que según dicen que el pueblo tiene?
Los que quedan gritan a los cuatro vientos, hacen lo que el disque gobierno debería hacer por ellos; se entrenan en ser todoterreno, en no necesitar pan pa'l susto, en ser como sabuesos, en ser reporteros lánguidos, en ser pluma fuente y mapa, en ser aire para correr por donde sea que una pista caiga.
Sin a veces ni agua en el calorazo, porque ¡ah, qué calorazo hace! y los pobres ni un agüita pa' su boca; pero tienen su convicción bien férrea, de esas de tiempos de guerra, que ni un solo buey podría tumbar. Que parecen penca de maguey: no se secan y caminan y buscan y tallan y gritan y escarban y reclaman y luchan y lloran y sollozan, pero no se detienen.
Uy, no... ¿A dónde fueron aquellos que nomás jamás volvimos a ver? Se nos difuminaron en el aire como si nadie jamás hubiera sabido de dónde o cómo se fueron. ¿Cuántos huesitos de los nuestros podremos encontrar en el cerro? En el despoblado, en donde sea que haya un hueco... ¿Desde cuándo el olorcito a muerto es una señal de consuelo en estos tiempos? Que dé esperanza a que por fin hallemos a los nuestros.
“No, no, no, seguro andaban haciéndose de esas cosas que son malas y enredados con maldades pa' que les pase eso”.
Quién justifica quién es quién para no aparecer y quién es quién para jamás volver.
Uy, qué calorón hace, mano. Aún queda un buen tramo pa' la casa y el pipirín. “Qué quejumbroso chamaco, por tantitito calor se anda quejando”.
---
Como quien dijiese: —Una agüita de jamaica pa'l corazón y el calor—. Murmuró el viejo sentado en la sala viendo la televisión.
—¡Uy, sí!— Dijo el niño desde el otro sillon.
—¡Para el corazón!—
Maximilano perez
Desde México donde mero hace calor de banqueta.