Primero, discúlpenme por favor si está muy mal escrito, redundante y redactado, realmente lo escribí mientras estaba al borde de acabar con todo, esperando que se me quitara el dolor que sentia en ese momento, se lo mando a ustedes porque desgraciadamente siento que no tengo amigos a quien contarles esto y esperar una respuesta que me ayude.
Soy "casado". Mi "esposa" es cristiana y muchas veces en estos problemas dice "que pone todo ante los ojos de Dios" y va a su culto jueves, viernes y domingo.
Les agradezco enormemente de corazón a los que lo lean completo pues sé que soy un desconocido y que es una "mamera" tener que leer tanto, si no lo quieren hacer claramente no soy nadie para enojarme o para sentirme mal por ello, Mil gracias.
Necesito una perspectiva externa sobre algo que acabo de 'recordar' y me tiene aterrado. Actualmente mi pareja y yo vivimos en ciudades distintas (ella con nuestro bebé, yo solo). En los últimos meses la relación parecía estable, con peleas 'tontas' donde ella solo dice estar 'harta' y 'querer paz'. Debido a esta calma y a la distancia, mi cerebro pareció bloquear u olvidar lo que viví con ella cuando convivíamos como novios hace apenas unos meses.
Al tener una discusión reciente en la que ella básicamente modificaba la realidad sobre algo que había pasado y parecía burlarse diciendo que yo no debía reclamar porque yo habia hecho x cosa y recordar con frialdad, me doy cuenta de que viví un infierno de maltrato sistemático: agresiones físicas constantes (me estrelló un celular en la cabeza, me golpeó en el ojo, me lanzó ollas, tiró dos puertas lanzandome contra ellas, tiraba por las escaleras mis cosas de valor, me arañaba), humillaciones buscando a otros hombres frente a mí para torturarme psicológicamente, y el uso de denuncias falsas (me denunció por acoso en mi trabajo para destruirme y decía a los vecinos que llamaran a la policía cuando yo intentaba protegerme de sus golpes y estos nunca le hacían caso porque ya la conocían).
Me asusta haberme olvidado de tal nivel de violencia solo porque ahora, a distancia, ella finge ser la que 'busca paz' mientras me sigue culpando de todo. He pasado de sentir amor otra vez a darme cuenta de que estoy vinculado a una agresora física y legal que simplemente está en una fase de calma."
Uno de los episodios más violentos ocurrió por un ataque de celos infundado. Ella me acusó de infiel por un chat; yo mismo le permití leer la conversación para demostrarle que no había nada oculto. Justo cuando la lectura iba a llegar a la parte donde yo le aclaraba a la otra persona que tenía pareja, ella, en lugar de aceptar su error, estalló. Al exigirle que terminara de leer y que viera la prueba en su cara, su reacción fue arrebatarme el celular, estrellarlo contra la pared y, acto seguido, utilizar el dispositivo destrozado para golpearme violentamente en la cabeza. Prefirió destruir el teléfono y agredirme físicamente antes que admitir que yo tenía la razón y que sus acusaciones eran falsas
La violencia también se manifestaba en situaciones cotidianas absurdas. En una ocasión, tras una discusión intrascendente, intentamos dormir: ella en la cama y yo en una colchoneta en el piso. Hacía mucho calor y ella movió el ventilador (que era mío) para que solo le diera aire a ella. Yo me levanté y lo puse en medio para que nos refrescara a ambos, explicándole que yo también tenía calor. Ella volvió a levantarse para quitármelo solo para ella. Esto se repitió tres veces; ella se negaba a compartir incluso el aire. Cuando finalmente le reclamé que dejara esa actitud egoísta con mi propio ventilador, ella escaló la situación a gritos y me propinó un golpe directo en el ojo.
He tenido que expulsarla de mi casa en dos ocasiones debido a sus mentiras sistemáticas y su capacidad para distorsionar la realidad. Cada vez que la confrontaba con pruebas de sus engaños (como el caso de 'Julián'), ella aplicaba un gaslighting extremo: negaba los hechos, modificaba la historia a su conveniencia para proteger su imagen moral y terminaba invirtiendo los papeles. Al final de estas discusiones, ella lograba convencerme de que yo era el 'manipulador' y el 'agresivo', exigiéndome disculpas por sus propias faltas. Su habilidad para reescribir el pasado es lo que más me altera, ya que me hace dudar de mi propia cordura mientras ella se posiciona como la víctima impecable
La traición de Pepito Pérez y el "GPS averiado"
Lo que pasó con Pepito Pérez es el ejemplo perfecto de cómo ella manipula la realidad. Estando ya reconciliados y viviendo en mi casa, ella se fue con él a un lugar bastante lejano. Me enteré por terceros, y cuando le pregunté, me lo negó en la cara diciendo que 'la gente inventaba'. Pero la pillé: tenía fotos con él de ese mismo día. ¿Su excusa? Que él se las había mandado hoy pero que eran de hace mucho tiempo (mentira). Lo más ridículo fue cuando revisé su historial de Google Maps; marcaba que ese mismo día estuvo a 25 kilómetros de distancia, justo donde se tomó las fotos. ¿Su respuesta? Que 'el satélite estaba fallando' y que el GPS de Google no servía. Es increíble el nivel de soberbia para intentar convencerte de que la tecnología global falló convenientemente para culparla. Luego cambió la versión mil veces: que si me lo ocultaba porque yo me quejaba de ella, que si solo eran amigos... y ahora, meses después, tiene la desfachatez de decir que lo hizo porque 'yo hice lo mismo', admitiendo por fin que sí pasó, pero usándolo para invalidar mi derecho a reclamo.
El origen de todo: La denuncia falsa de acoso
Para entender por qué su comparación es un asco, hay que ir al 15 de febrero. Trabajábamos en el mismo sitio y yo tenía un cargo importante. Tras un malentendido donde le reclamé que no pusiera límites a un tipo que le tiraba la onda, ella decidió ir a Recursos Humanos a acusarme de acosador. Intentó destruir mi carrera y mi reputación de años. Entré a la oficina de los jefes y tuve que mostrarles fotos de nosotros besándonos para probar que éramos pareja y que no había tal acoso; mis jefes, que me estimaban, me advirtieron que me alejara de esa mujer porque era peligrosa. Obviamente, cualquier persona cuerda da la relación por muerta tras algo así. En medio de ese despecho y devastación, a los días empecé a hablar con una agente de mi equipo que se portó especial conmigo. Duramos 10 días hablando, hubo besos, pero lo dejamos porque ella solo buscaba sexo. Yo no le debía nada a mi ahora esposa; ella me había intentado meter en un problema legal gravísimo. Nadie piensa que va a volver con alguien que te denuncia falsamente.
La falsa equivalencia y la deslealtad real
Aquí es donde se cae su teatro: a los días de dejar de hablar con la otra chica, el idiota de yo decidió volver con ella (sí, lo sé). Ella juró que 'el jefe exageró' y que ella nunca dijo que era acoso. Nos reconciliamos, ella se instaló en mi casa y 15 días después de estar otra vez juntos, es cuando ella se va a escondidas con Pepito Pérez. No hay comparación posible. Yo busqué consuelo cuando ella me intentó hundir la vida y ya no éramos nada; ella me engañó y me mintió en la cara mientras dormía en mi cama y yo trabajaba para ambos. El hecho de que ahora use ese episodio de febrero para justificar su deslealtad de marzo es el colmo de la manipulación. Me duele en el alma que ahora, cuando supuestamente estábamos bien, me suelte ese comentario con esa asquerosidad y soberbia, cambiando la historia otra vez solo para no aceptar que yo en realidad no hice nada malo en ese momento.
La dinámica de violencia física siempre seguía el mismo patrón de manipulación. Cuando teníamos algún desacuerdo, ella buscaba lastimarme emocionalmente restregándome que se ponía a hablar con otros hombres frente a mí (y lo hacía de verdad). Para detener esa tortura psicológica, yo intentaba apartar el celular sin violencia, pero ella aprovechaba ese forcejeo para descargar toda su agresividad: me lanzaba puñetazos, me arañaba y me dejaba marcas de sangre.
Lo peor venía después: ella llamaba de inmediato a su mamá gritando que yo estaba loco y que era un 'agresivo' por quitarle el celular, omitiendo por completo sus golpes. Incluso llegó a pedirle a la vecina de abajo que llamara a la policía diciendo que yo le estaba pegando. Por suerte, la vecina ya la conocía y nunca le creyó; era evidente que yo estaba lleno de arañazos y sangre, Desde que la conocí, hubo una señal de alerta que decidí ignorar: su necesidad de criticar y hablar mal de todo el mundo a sus espaldas. Me contaba con asco lo 'fastidioso' que le parecía un pretendiente que la buscaba constantemente, burlándose de él, para luego irse a almorzar con él al día siguiente solo porque le encantaba la atención. Ese patrón se repetía con todos: su mamá, su hermana, su hermano... conmigo hablaba pestes de ellos y, minutos después, los trataba con una sonrisa falsa como si nada pasara. Cuando llegué a cuestionar esa hipocresía, su respuesta fue que era 'solo chisme' y que yo no tenía derecho a juzgarla. Hoy entiendo que si es capaz de traicionar la confianza de su propia familia y de gente que la aprecia, yo no iba a ser la excepción; solo era una víctima más en su lista de personas a las que diaboliza por la espalda mientras les finge amor en la cara mientras ella no tenía ni una marca. Cuando le pedían que bajara para mostrar las supuestas lesiones que yo le había causado, ella se escondía porque sabía que no tenía nada que mostrar. Me agredía físicamente y luego intentaba usar el sistema y a su familia para destruirme socialmente.
Incluso tras el nacimiento de nuestra hija, el maltrato no cesó. En el hospital, ella pasó todo el día menospreciándome y mirándome con odio a pesar de que yo hacía todo lo que me pedía. El detonante fue algo tan absurdo como un 'papel': me pidió uno, le di una toalla de papel y me lanzó una mirada de desprecio absoluto diciéndome que 'no servía para una mierda' porque ella quería papel higiénico.
Ante su hostilidad constante, en un momento de pura impotencia, le moví el hombro en señal de protesta (sin fuerza, solo por el resentimiento acumulado de ser tratado como basura ese día). Su reacción fue inmediata: empezó a gritar que yo era un agresivo y que le había pegado. Lo más cínico es que, semanas después, me retaba diciendo que 'revisaran las cámaras del hospital' para demostrar que yo la había golpeado. Se sentía muy segura mintiendo porque sabía perfectamente que en esa habitación no había cámaras. Es aterrador ver cómo alguien es capaz de fabricar una agresión física inexistente sabiendo que no hay pruebas que la desmientan.
Poco después en el hospital, ocurrió algo que demuestra cómo ella usa cualquier accidente para justificar su odio. Ella tenía a nuestra bebé recién nacida en brazos y su delantal se le bajó, dejándola expuesta. Como ella no podía subirlo por tener a la niña, yo se lo estaba sosteniendo. En ese momento entró una enfermera y me entregó un papel y un bolígrafo para firmar algo; tuve que soltar el delantal un segundo para recibirlos y, lógicamente, ella quedó descubierta frente a las enfermeras. Me lanzó una mirada cargada de un odio puro, como si yo lo hubiera hecho a propósito para humillarla. Sin embargo, no dijo ni una palabra. Se quedó callada y fingió normalidad porque las enfermeras estaban delante. Es una constante en ella: en público mantiene la máscara de mujer tranquila, pero en privado me castiga por situaciones accidentales que están fuera de mi control.
La emboscada en el hospital: "Luz de gas" y linchamiento familiar
Horas después del parto, la tensión era insoportable. Ella seguía tratándome con desprecio por cada cosa que hacía, así que opté por sentarme en silencio y usar mi celular para evitar más discusiones. De la nada, empezó a soltar frases hirientes: que 'no servía para una mierda' y que se buscaría 'un hombre de verdad que sí la ayudara'. Cuando finalmente me cansé de sus insultos y le pedí que parara, ella escaló la situación a gritos y llamó a su madre llorando, montando un teatro de la nada y acusándome de ser un 'machista y maltratador'.
Lo más increíble fue la reacción de su familia. Su madre me amenazó con llamar a la policía sin saber qué había pasado. Su argumento para creerle a ella era que, cuando llegaron, yo estaba con el celular (claro, estaba dándoles espacio a ellas con la bebé). La pareja de su madre incluso me dijo que yo debía 'quedarme callado y aceptar todo' por el simple hecho de ser hombre. Al final, para que la situación no empeorara en pleno hospital, tuve que tragarme la rabia y aceptar una 'reconciliación' donde ella no admitió ninguna culpa y yo tuve que cargar con toda la responsabilidad de un conflicto que ella misma inició.
Incluso en momentos de aparente calma, cualquier frase lógica era motivo de explosión. Un día, mientras ella preparaba un desayuno que yo no le había pedido, me preguntó por su celular. Tras buscarlo y no verlo, le dije de forma tranquila: 'Debe estar en el carro, porque no tiene sentido que no aparezca en la casa'. Sin mediar palabra, ella estalló en ira, tiró el sándwich al suelo y se fue gritando.
Días después, en una reunión que tuvimos con sus padres para decidir si seguíamos juntos, ella usó este incidente como arma, afirmando que yo le había hablado con un 'tono grosero'. Su madre me lo sacó en cara como si preparar un sándwich le diera derecho a maltratarme o a inventar intenciones en mis palabras. Es agotador vivir con alguien que interpreta un comentario logístico como un ataque personal y que luego usa a sus padres para validar sus propios berrinches físicos
Otra muestra de su inestabilidad ocurrió una madrugada. Eran las 2:00 a.m., estábamos durmiendo en su casa y ella decidió revisarme el celular mientras yo dormía. Encontró un mensaje de una amiga que me había invitado a su cumpleaños a las 7:00 p.m. de esa misma noche; un mensaje que yo ni siquiera había respondido y cuya invitación ya había caducado hacía horas, pues yo estaba ahí durmiendo con ella.
A pesar de la evidencia, montó un escándalo monumental diciendo que yo 'me quería ir con ella'. Incluso usó como 'prueba' que yo había bajado 5 minutos a mover mi moto de lugar, afirmando en su delirio que en esos 5 minutos yo pensaba escaparme a la fiesta. No importaba la lógica, ni que yo estuviera allí acostado a su lado: ella necesitaba crear un escenario de traición para justificar su agresión y su necesidad de controlarme el celular.
Realmente me siento muy extraño de ver que había olvidado todos estos sucesos genuinamente y que de corazón volví a sentir "amor" hacía ella. Pero ahora veo las cosas claras. Está nuestra hija y no quiero que ella crezca en un ambiente malo o que tenga algún tipo de falencia por la separación de sus padres. Realmente estuve a punto de terminar con todo y necesito gente que me diga qué carajos es lo que estoy viviendo para poder enfrentar mi pésima realidad.
A veces siento que ella simplemente es muy tonta y no se da cuenta de todo lo que hace, además de que entiende todas las cosas mal, algo importante a destacar es que tuvo una relación de 7 años con alguien que la golpeaba y hasta le tiraba puertas en la cara reventando su nariz.