u/Acceptable-Act-2598

Image 1 — The Hotel That Led Me to Murakami: When the Centara Riverside Became Real
Image 2 — The Hotel That Led Me to Murakami: When the Centara Riverside Became Real
Image 3 — The Hotel That Led Me to Murakami: When the Centara Riverside Became Real

The Hotel That Led Me to Murakami: When the Centara Riverside Became Real

From the moment I entered the lobby, I felt a sense of familiarity—as if I had been in a similar place before, but in a dream. A strange sensation. The white and fluorescent lights, the empty halls with considerable triple-height ceilings, and a poor desk clerk who at any moment would have pulled out his left hand with two mutilated fingers. And I remembered that book: “A Wild Sheep Chase.”
After dinner, we went to a night bazaar near the old city to explore and walk around. When we returned to the hotel that night, my brothers and I stayed downstairs to smoke. There, I told them about a saga I had read by Haruki Murakami, where he described a place called the “Dolphin Hotel” where the protagonist stays. But as the story progresses, he realizes that this hotel contains an alternate reality—like a hotel from one dimension existing within another. When he enters an elevator without paying attention, he ends up on a floor that doesn’t exist: a cold, dark, damp hallway where the Sheep Man lives—a being that doesn’t exist in our dimension.
I told them that the hotel we were staying in reminded me so much of that Dolphin Hotel.
A giant backroom. A liminal space that traps you if you’re sensitive enough to perceive it. They, despite not having read the book but knowing perfectly well what liminal spaces are, told me we should explore the hotel.
That’s when things started getting strange.
In the book, there’s a floor that isn’t on the hotel’s blueprints—it exists in another dimension and serves the narrator because it’s his personal space where he can see and follow the “threads” of his life. Its function is to “connect things like a telephone exchange.”
Curiously, in our hotel, there was a floor that did exist, but we had no access to it by any means. The elevators didn’t mark it, and getting to the 16th floor seemed like something we weren’t meant to do. So we went up as far as the elevator would take us, and from there, we had to continue on foot.
We walked through each floor. They were giant backrooms where you could perceive reality distorting little by little.
When we reached the 16th floor, all three of us felt that someone—or something—was following us. We constantly turned around to make sure nothing was with us, or at least nothing we could see. Strangely, the lighting on that floor was much dimmer and more gloomy, as if they had decided to cut expenses specifically on that level. It smelled of dampness, and there were strange stains on the walls and carpets. Dead insects and a black telephone sitting in the middle of the lobby. I swear it would ring at any moment.
We knew no one was staying on that floor, but it still felt as though inside each room you could find furniture covered with sheets that resembled ghosts waiting to be seen.
The lights went out without any reason. All of them. Across the entire floor. And it stopped being a game.
The elevators weren’t responding, and we were genuinely terrified. A cruel prank from the universe, or something that saw us wanting to play and decided to join in.
We managed to escape through the emergency stairwell, and everything returned to normal.
We went back to our reality.
When I got to the room, my mom asked why I had taken so long. She said she was equally terrified because she felt like there was someone else with us. (Oh my god—I hadn’t even told her what had just happened.)
That night I slept in my sneakers. I didn’t sleep at all.
The next day, ALL of us concluded that the energy of that hotel was incredibly strange. But what we cannot conclude is this: Did Murakami write about a place that actually exists? Or did the Centara Riverside show us that liminal spaces aren’t fiction?
Murakami never answers these questions in his books. And I suppose I shouldn’t answer them here either.

u/Acceptable-Act-2598 — 2 days ago

El hotel que me llevó a Murakami: "Centara Riverside hotel Chiang Mai" y la existencia de espacios donde la realidad se quiebra.

Hace un par de años tuve una de las experiencias mas bizarras y extrañas que me han sucedido en un buen rato. Estuve con mi familia viajando por Tailandia y cuando llegamos a la ciudad de Chiang Mai, nos hospedamos en el hotel "Centara Riverside hotel Chiang Mai"
Desde el momento en el que entré al lobby, sentí un aire de familiaridad, como si ya hubiera estado en algún lugar similar, pero en sueños.. una sensación extraña. Las luces blancas y otras fluorescentes, los salones vacíos con una triple altura bastante considerable y un pobre perro de recepcionista que en cualquier momento sacaría la mano izquierda con dos dedos mutilados. Y recordé aquél libro, "La caza del carnero salvaje".
Terminando de cenar fuimos a un bazar nocturno que se encuentra cerca del barrio viejo a conocer y pasear. Cuando llegamos de regreso al hotel esa noche, nos quedamos abajo mis hermanos y yo para fumar, ahí les platiqué de una saga que había leído de Haruki Murakami, donde hablaba de un lugar llamado "Hotel Delfín" en donde el personaje principal se hospeda. pero al avanzar la historia, se va dando cuenta que en ese hotel existe una realidad alterna, como un hotel de una dimensión dentro de otra. Cuando entra a un ascensor sin prestar atención, termina en un piso que no existe: un pasillo frío, oscuro, húmedo, donde habita el Hombre carnero, un ser que no existe en esta dimensión.
Les dije que el hotel donde estábamos me recordaba mucho a aquel hotel delfín.
Un backroom gigante, un espacio liminal que te atrapa si eres lo suficientemente sensible para percibirlo. Ellos, sin haber leído el libro pero teniendo el conocimiento perfecto de lo que son los espacios liminales, me dijeron que fuéramos a explorar el hotel.
Ahí se empezaron a poner raras las cosas.
En el libro, hay un piso que no está en los planos del hotel, existe en otra dimensión y le sirve al narrador porque es su espacio personal donde puede ver y seguir los “hilos” de su vida. Su función es “conectar cosas como una central telefónica”
Curiosamente en nuestro hotel, había un piso que sí existía, pero al que no teníamos acceso por ningún lado y motivo. Exactamente como en Murakami: un piso que está en el edificio pero no en los planos. Los elevadores no lo marcaban y subir hasta el piso 16 sonaba como algo que no íbamos a hacer, así que subimos hasta donde el elevador nos dejó y a partir de ahí, tuvimos que seguir a pie.
Cada piso lo recorrimos, eran backrooms gigantes donde podías percibir como la realidad se iba distorsionando poco a poco.
Cuando llegamos al 16 los tres sentimos que alguien (o algo) nos seguía. Constantemente volteábamos para cerciorarnos que nada estuviera con nosotros, o al menos nada que pudiéramos ver. Extrañamente, la iluminación de ese lugar era mucho más pobre y lúgubre, como si hubieran decidido recortar los gastos de ese piso en particular. Olía a humedad y había manchas extrañas en la pared y las alfombras. Insectos muertos y un teléfono negro que se encontraba en medio del lobby. Juré que sonaría en cualquier momento.
Sabíamos que no había nadie hospedado en ese piso, pero no dejaba de sentirse como si adentro de cada cuarto pudieras encontrar muebles cubiertos con sábanas asemejando fantasmas en la espera de ser vistos.
Se apagaron las luces sin motivo alguno y dejó de ser un juego.
Los elevadores no respondían y genuinamente estábamos cagados. Una mala broma del universo o algo que nos vio con cara de que queríamos jugar, y nos siguió el juego.
Pudimos bajar por la puerta de emergencia y todo volvió a la normalidad.
Volvimos a nuestra realidad.
Cuando llegué al cuarto mi mamá me preguntó por qué había tardado tanto, me dijo que estaba igual de cagada porque que sentía que había alguien más con nosotras (puta madre, nisiquiera le había platicado nada de lo que nos había acabado de pasar)
Esa noche dormí con los tenis puestos, y claramente no dormí nada.
Al día siguiente TODOS concluimos que la energía de ese hotel está muy jodidamente extraña. Pero lo que no podemos concluir es esto: ¿fue Murakami quien escribió sobre un lugar que existe? ¿O fue el Centara Riverside quien nos mostró que los espacios liminales no son ficción?
Murakami nunca responde estas preguntas en sus libros. Y supongo que tampoco debería hacerlo aquí.

u/Acceptable-Act-2598 — 3 days ago